“Es arte si no se puede explicar. Es moda si no se pide una explicación. Es diseño, si no necesita explicación.”
Wouter Stokkel, branding, marketing y diseño

Alfaro Hofmann colección

 

La visita a la exposición de electrodomésticos de Alfaro Hofmann se inicia ante un moderno edificio proyectado por el arquitecto Emilio Giménez en 1997 para albergarla. Concebido sin concesiones que puedan restar protagonismo a los objetos que en el se muestran, el edificio presenta acabados propios de las edificaciones industriales que lo rodean (el museo se ubica en un polígono industrial) pero con un lenguaje propio y atractivo acorde con el programa expositivo que alberga.



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En su interior encontramos dos salas, una a nivel de acceso destinada a las exposiciones temporales y otra en la primera planta, comunicada visualmente con la anterior, que es donde se puede visitar la colección permanente. En la planta baja se sitúa también una biblioteca especializada en arte, diseño y arquitectura, que es un interesante complemento de la actividad expositiva, ya que su archivo de catálogos, carteles, manuales, monografías... ilustra sobre la evolución del diseño gráfico y de la comunicación, elementos clave en la comercialización de los electrodomésticos.

La muestra permanente es una selección de unas 400 piezas del total de aproximadamente 3.000 que integran la colección. Su discurso: mostrar la evolución de los diferentes aparatos con los que se introdujo el concepto de modernidad en los hogares y con los que nos hemos acostumbrado a convivir, hasta el punto de considerarlos imprescindibles en nuestro día a día.

La muestra huye del carácter nostálgico inherente a toda colección y se convierte en un interesante recorrido por la historia del diseño, la evolución de funciones, materiales y estilos a lo largo del siglo XX, a través de una serie de objetos que por su misión característica de ayuda a la cotidianeidad han tenido que evolucionar más rápidamente y de forma más espectacular que otros.


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Se organiza en torno a diferentes tipologías de producto como neveras, lavadoras, cocinas, radios, televisores, calefactores, ventiladores, teléfonos... o a diferentes formas de uso como utensilios para el aseo personal, la manipulación y transformación de alimentos, el cuidado de la ropa... La mayor parte de las piezas se muestran en vitrinas, necesarias para su correcta conservación, pero tanto el diseño de los contenedores como la disposición de los objetos propician una visión de continuidad y conjunto.

En el recorrido es obligatorio encontrar todas las marcas y todos los nombres que integran la história del diseño. Desde las míticas piezas de Peter Behrens con la AEG hasta un televisor con material reciclable de Philip Stark para Thomson. Piezas que se hicieron populares y piezas casi únicas que no alcanzaron las grandes tiradas.

La selección es también un muestrario de la evolución del gusto y de los estilos, desde las primeras neveras con patas para que parezcan muebles a las mínimas concesiones de Bang&Olufsen. Comprobamos que los electrodomésticos tuvieron que hablar todos los lenguajes, art déco, modernismo, Bauhaus, pop, minimalismo... para poder adecuarse al gusto y al entorno en que se usan.


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Pero no es este el único aspecto remarcable de la evolución, los sistemas productivos, los nuevos materiales, la tecnología,... aparecen también como motores del cambio. De la madera al metal, de la baquelita a los plásticos; fabricantes de coches que hacen neveras; calentar con bombillas o con placas de vidrio con circuitos impresos,... De la cocina económica a la placa vitrocerámica se muestra claramente cómo los avances técnicos han tenido su aplicación inmediata en los electrodomésticos.

Adecuando todas estas variables con las necesidades de uso aparece claramente reflejado el papel del diseñador, con nombre propio o integrado con otras disciplinas en un departamento técnico de la empresa productora. El diseño hace posible que una radio se convierta en una pulsera transportable, que una olla a presión incorpore mecanismos de seguridad en su tapa o que una máquina de coser o un ventilador puedan dejarse en una estantería sin tener que ocultarlos cuando llega una visita.


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En resumen, una excelente propuesta para ilustrar lo que ha sido la historia del diseño y que nos ayuda a desmitificarlo enmarcándolo en el uso diario. Una inestimable aportación de su promotor (no olvidemos que se trata de una iniciativa privada) que ha tenido la generosidad y el acierto de construir un proyecto museístico a partir de una afición. Confiamos en que la colección Alfaro Hofmann tendrá en el futuro otras ocasiones para mostrarnos sus fondos a través de exposiciones temporales como la que en 2004 dedicó al diseñador catalán Gabriel Lluelles, autor del minipimer y de tantos otros aparatos que marcas como Taurus, Braun, Philips o Rowenta... pusieron en nuestras casas.

 

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