“Un gran diseño no venderá un mal producto, pero permitirá a un gran producto alcanzar su máximo potencial.”
Thomas J. Watson Jr., presidente de IBM 1952–1971
Formas de pago

texto extraido de la publicación "El valor del diseño" editado por la ADCV


El diseño es una profesión nueva y mal reglada en cuanto a titulación se refiere. Quizá falte algo de tiempo para que los clientes en general tengan la misma visión que tiene de otras profesiones más arraigadas. No todos los abogados cobran lo mismo, ni se pueden contratar grandes directivos con sueldos bajos. Esta es una ley del mercado que toda empresa conoce y que se aplica tal cual al mundo del diseño tanto gráfico como industrial.

Hay varias formas de retribuir a los diseñadores externos. Naturalmente la muy común de acordar un precio fijo por el trabajo. Esta fórmula aconseja estipular con todo detalle el trabajo que se va a realizar, los documentos (planos o bocetos o maquetas….) que el diseñador se compromete a presentar y los plazos de realización del proyecto, así como de sus fases intermedias si son necesarias. Todo esto quedará recogido en el Plan de diseño (ver en la sección Desarrollo de producto el punto 4 “BRIEFING Y PLAN DE DISEÑO”). La forma de pago es, generalmente, negociable, aunque es bastante frecuente, sobre todo en trabajos largos, acordar un pago previo, como provisión de fondos, otro al aprobar el anteproyecto y el último a la entrega del proyecto definitivo o al término de la realización y aprobación del prototipo.

Los diseñadores no tienen tarifas oficiales. Los precios se establecen según fija el mercado. La oferta y la demanda marcan de manera natural, aunque muy variada, los honorarios, que dependerán de la complejidad y duración del trabajo y del prestigio profesional del diseñador. A veces las empresas, pensando que con ello abaratarán los costes trocean el encargo y lo convierten en pequeños pedidos que van haciendo poco a poco. Con ello no sólo la experiencia demuestra que al final todo resulta igual o más caro, sino que se oculta información al diseñador, de modo que se consiguen peores resultados. Es necesario transmitir el encargo correctamente y negociar precios y formas de pago en un marco normal de trabajo, sin subterfugios ni ocultaciones por ninguna de las dos partes.

Una fórmula muy utilizada en algunos sectores es la de pago de royalties (un porcentaje sobre las ventas). Suele acordarse el pago de una cantidad a cuenta de royalties al inicio o al final de proyecto. Los porcentajes sobre producto vendido suelen establecerse sobre el precio de venta en fábrica. Conviene que este porcentaje esté correctamente contabilizado en el escandallo del producto, de manera que no interfiera en los descuentos u otros mecanismos comerciales que la empresa pueda utilizar en sus ventas. La liquidación de royalties se lleva a cabo con la periodicidad que se haya acordado y a veces según un escalado de porcentajes variable según las cantidades vendidas o el tiempo transcurrido. Como es obvio exige una plena confianza del diseñador en la empresa o mecanismos de control de ventas de gran complejidad y que no todas las empresas están dispuestas a articular, a veces por la transmisión de información confidencial que conlleva.

Dado que los honorarios se presentan en una escala muy variada conviene conocer el mercado de diseño (ya hemos hablado de cómo conseguir la información mínima indispensable al inicio de este capítulo) y ponderar la relación calidad-precio en función de los intereses y los recursos de la empresa y de las expectativas respecto al trabajo que se vaya a encargar.
Otra fórmula de pago consiste en establecer una colaboración continua a cambio de una cantidad periódica. Es necesario determinar la duración de la colaboración y muy conveniente acordar objetivos concretos o trabajos a realizar (si es posible hacer una planificación) para evitar recelos por ambas partes: que la empresa se sienta insuficientemente atendida o que el diseñador considere que ha hecho demasiado trabajo para la contraprestación que recibe. Por eso es también conveniente fijar reuniones periódicas en las que se supervise el trabajo realizado y se pondere, por ambas partes la calidad del servicio prestado hasta el momento así como los problemas que puedan surgir.

Naturalmente puede haber otras fórmulas (todo contrato presupone negociación) y también acuerdos intermedios entre uno y otro de los modelos aquí comentados.

 

 

 

Año publicación: 2000


 

 

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