“Un gran diseño no venderá un mal producto, pero permitirá a un gran producto alcanzar su máximo potencial.”
Thomas J. Watson Jr., presidente de IBM 1952–1971
La dinámica de la Innovación (I).

Enrique Montesa

 

Una refrescante aproximación a la innovación, es definirla como  “conocimiento en acción”. Entre las ventajas de considerarla de este modo es que nos lleva directamente al meollo del asunto: ¿Hacer qué y para qué?,.. y las organizaciones, como sistemas vivos, deben hacer lo que sea para perdurar. ¿O no?

Como organizaciones vivas, las empresas que más se desarrollaron durante los siglos XIX y XX fueron aquellas que supieron llevar al mercado los resultados obtenidos en sus laboratorios de investigación. Siemens, General Electric o Dupont son vástagos de dicha época. Organizaciones que no solo supieron cómo poner en acción los conocimientos científicos y tecnológicos, sino también como convertirlos en grandes éxitos empresariales.

Vivimos un momento histórico en el que los conocimientos científicos en el ámbito de la biogenética y la nanotecnología, entre otros, están revolucionando todos los sectores, ya sean tradicionales como el agropecuario, como el propio sector industrial. La aplicación de los descubrimientos realizados en el campo de las ciencias de la vida y la energía, así como los avances en las tecnologías de la información y comunicación, no paran de generar oleadas de transformación social y productividad empresarial.

Este ha sido en esencia el modelo clásico, la traslación al mercado de los conocimientos obtenidos a través de la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D). Así es como ha sido definida tradicionalmente la innovación tecnológica en publicaciones oficiales tales como los dos Manuales de la OCDE conocidos por los nombres de
Frascatti y Oslo, utilizados por el INE y otras organizaciones internacionales, como base para la realización de los estudios comparativos de la “innovación tecnológica” entre los diferentes países.


 

Modelo lineal de Innovación. Fuente: Instituto Nacional de Estadística


Sin embargo, a medida que nos alejamos de la Sociedad Industrial y nos adentramos en la del Conocimiento, la “innovación no tecnológica” adquiere día a día un mayor reconocimiento como fuente de competitividad empresarial. 

De hecho, la Comisión de la Unión Europea está preparando una estrategia y diseñando posibles acciones que sirvan para apoyar la innovación en el sector servicios, reconociendo que la innovación desempeña un papel cada vez más importante en un sector que genera las dos terceras partes del empleo y de Producto Nacional Bruto y que, aunque tradicionalmente se ha percibido como no innovador, en realidad también innova, aunque de una forma muy distinta a como lo hace el sector industrial. La Comunicación de la Comisión, se espera para el primer trimestre de 2008.

Pero no será necesario esperar los futuros Planes de Acción y su trasposición al marco nacional para que las empresas se lancen en pos del nuevo Santo Grial. La cuestión es muy simple: si la innovación es un factor clave para la competitividad, ¿cómo podemos ser innovadores?

A fecha de hoy son centenares los artículos y libros escritos sobre el tema, y decenas de metodologías las surgidas para la consecución de tal objetivo, lo que hace recordar hasta cierto punto lo que ya se vio con la calidad. Por tener, ya tenemos hasta unas
Normas de Certificación de Proyectos y Sistemas de I+D+i, que una vez implantadas en la empresa, le servirán para obtener las correspondientes certificaciones, convenientes si desea acogerse a las ventajas fiscales a la innovación.

En realidad, la innovación surge cuando la empresa se enfrenta a una oportunidad o a un problema, lo que nos obliga a preguntarnos por las herramientas disponibles para su gestión, o lo que es lo mismo, en qué aspectos debemos “innovar la gestión”. A este respecto, resulta interesante saber que desde ámbitos públicos han sido desarrolladas algunas metodologías que la PYME puede utilizar con provecho y que se pueden agrupar en los siguientes apartados:

 

  • Elaboración de Planes estratégicos de Innovación.
  • Realización de Diagnósticos de Innovación.
  • Implantación de un Sistema de Gestión de la Innovación y Sistemas de Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva.

 

Para llevar todo ello a la práctica, como se puede observar, no se requieren conocimientos científicos ni tecnológicos especiales, sino conocimientos técnicos de gestión, hacia los que los empresarios suelen tener ciertas prevenciones, ya que su implantación requiere tiempo, liderazgo y recursos, más relacionados con la sabiduría que con el conocimiento, lo cual nos lleva a cierta anécdota que cuentan del mítico fundador de SONY, Akio Morita, de quien se dice que una vez afirmó que su empresa jamás preguntaba a sus clientes qué es lo que querían, ya que estos no sabían lo que ésta era capaz de hacer por ellos. Como ingeniero, Morita tenía el conocimiento técnico para desarrollar nuevos productos, pero como empresario era un sabio.

 

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