“El error más tonto es ver el diseño como algo que se hace al final del proceso para poner orden al desorden, en oposición a entenderlo como una cuestión de partida y parte de todo.”
Tom Peters, economista y escritor

Hay causas internas y externas a la empresa que le obligan a lanzar nuevos productos o servicios. Desde la necesidad de ampliar o renovar la oferta, hasta la de dar solución a nuevos problemas o exigencias del mercado. Estas causas, que de una forma u otra llegan y toman cuerpo en la empresa, generan la primera idea para un nuevo producto. A partir de ese momento hay que dar un paso fundamental: convertir la idea en concepto.

El concepto de producto, o de servicio, es un proceso de reflexión que partiendo de la idea inicial nos lleva a definir aspectos clave: 1) ¿A qué público va dirigido y cuándo y cómo lo usará? 2) ¿Qué beneficios o ventajas le reportará? Es decir, por qué lo van a comprar. 3) ¿Dentro de qué tipología y categoría de productos se puede posicionar? 4) ¿Cómo se integra dentro de la oferta de la empresa, de su imagen y de sus estrategias? Elaborar el concepto de producto es minimizar el riesgo de fracaso. Y es el punto de partida para comenzar a pensar en el desarrollo de producto: desde el diseño hasta el lanzamiento al mercado.

 

objetivo

Sistematizar, dentro de lo posible, las formas y las causas por las que la organización detecta la necesidad de crear nuevos productos.

Hacerlo además de modo que el proceso facilite la aparición de ideas creativas e innovadoras.

Y, por último, definir en el nuevo producto o servicio las características esenciales y distintivas que le darán personalidad y valor para el usuario final: el concepto de producto.