“El diseño de un producto es el diseño de una relación.”
Steve Rogers, director de experiencia de usuario de Google

Etiqueta vino Maduresa

 

 



 

LA NECESIDAD
La bodega Celler del Roure, dirigida por Pablo Calatayud, quería lanzar al mercado su vino insigne, Maduresa. Era un producto con el que la empresa valenciana 'se jugaba más, de precio más alto'. Este vino recupera una variedad de uva de la zona casi extinguida, la mandó. El nombre de Maduresa, 'madurez' en valenciano, reivindicaba cómo iba a ser el vino, 'de uva muy madura', e identificaba las raíces valencianas de la zona donde se produce.

Faltaba la etiqueta. A través del sumiller Fernando Crespo, el empresario contactó con el diseñador Daniel Nebot para la creación de la imagen del etiquetado.

EL PROYECTO
Calatayud acudió al estudio de Nebot con una propuesta inicial: una etiqueta sobria, blanca, y con el juego de una letra del alfabeto íbero que simulaba un triángulo como imitación de un racimo.

El diseñador propuso una alternativa. La etiqueta 'tenía que tener la singularidad del proyecto y del individuo', reproducir 'la esencia y el espíritu' de la propuesta del empresario, 'lo más desnudo posible'.

EL DISEÑO
El nombre de 'maduresa' ya había sido creado por los miembros de la empresa familiar. En cuanto al diseño de la etiqueta, el propietario de la bodega partía de una idea inicial, pero el diseñador le convenció para variar la imagen. Un trabajo consensuado, que el empresario califica como 'una genialidad de un genio', en referencia al diseñador, y que es 'inmejorable'.
 

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LA SOLUCIÓN
El resultado fue el diseño de un racimo, con uvas de diferentes tamaños, agujereadas, que dejan ver el negro del cristal y el interior de la botella, en un fondo blanco. Una imagen simple, que 'roba el icono del imaginario colectivo, de la pluralidad, para convertirlo en la singularidad', explica el diseñador.

Debajo del racimo aparece también la referencia a la bodega, Celler del Roure, el nombre del vino, Maduresa, y el año de envasado.

Este diseño abrió un nuevo paréntesis en las etiquetas del vino que es el concepto 'memorable, diferente a las identificaciones con mucha información'. Hasta el momento las etiquetas de vino eran 'informativas', y en el caso de Maduresa se utilizó como 'estrategia' que fuera memorable, fácil de recordar.  'Muchas personas no recuerdan el nombre de Maduresa, y piden el vino que lleva en la etiqueta un racimo de uva con agujeritos'. La propagación por tanto del producto es 'mucho más rápida y mejor'.

EL ÉXITO
El viticultor Pablo Calatayud considera que es difícil saber hasta qué punto la etiqueta ha ayudado a las ventas del vino. 'Lo que hace que un vino sea interesante es la suma de muchos factores', asegura. 'La relación calidad-precio en el vino no pesa tanto como en otros productos. Para que un vino sea atractivo hay que tener también en cuenta otros factores no objetivos, como el nombre, historias de romanticismo, y las etiquetas', señala.

En el caso de Maduresa, la imagen ha recibido numerosos elogios del sector vinícola. Además, en el momento en el que apareció Maduresa en el mercado 'la gente lo acogió con cariño', y recibió el favor de la hostelería en sus recomendaciones, asegura el empresario. 'A nosotros nos ha funcionado el boca a boca de los propietarios o encargados de las tiendas y restaurantes', explica. Para las personas no expertas, medir la calidad objetiva del vino es todavía muy difícil. Por ello, el empresario considera que hay factores no objetivos muy importantes, entre los que figuraría la etiqueta, que pueden hacer que el consumidor se decante al final por un vino u otro.


Esta información es un extracto de la publicación "Experiencias del diseño en el sector alimentario 1" editada y publicada por AINIA y puede accederse al texto íntegro al descargar la publicación en formato pdf

 

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